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martes, 28 de julio de 2015

La libertad y la necesidad de controlar



Tener control sobre nuestras acciones, pensares, y (si tenemos suerte) sentimientos es quizás un ideal al que como seres humanos aspiramos; qué hacemos para conseguirlo? Y en qué punto es que muchos pierden el rumbo, convirtiéndose en sutiles opresores que en más de una historia terminan siendo violentos controladores?.

Según Freud, las etapas de crecimiento del hombre han de pasar por varias etapas, estas en su maduración contienen el pase a la siguiente cada vez. Las etapas son reconocidas con títulos que las ilustran perfectamente: Oral, anal, fálica, y genital.


Nosotros entenderemos estas fases de la siguiente manera:

Oral. Es la primera, es en esta en la que se tiene el primer acercamiento con el mundo, comienza a madurarse una comunicación casi animal, y a entender mientras dura, la capacidad primaria de control. Los niños comprenden que es a través de la boca que pueden solicitar cuidados, y es también a través de la boca que pueden alimentarse.

Se dice que cuando esta etapa no se madura bien se nota en personas que en lugar de tener una buena comunicación sólo hablan a gritos, y muchas veces son los mismos que no pueden controlar sus vicios (fumar, comer, beber, hablar, etc.)

Anal. Físicamente esta se ve representada en el momento en que el sujeto se descubre capaz de controlar sus esfínteres, cosa que también le hace madurar las capacidades de ir convirtiéndose en un individuo.

La aprehensión es el rasgo que distingue a quienes no logran abandonar bien esta etapa.

Fálica. Freud no distingue sexo, ya que su argumento es que los niños tampoco lo hacen. Esta etapa se distingue por una necesidad de demostrar la fuerza, y es quizás en esta en la que comienzan a diferenciarse los rasgos sexuales de cada persona.

Quienes se quedan atrapados en esta etapa muestran claramente una necesidad de oprimir, de pasar encima de los demás, de demostrar a cada momento su poder, utilizando para esto cualquier pretexto (política, religión, machismo, feminismo, y una infinidad de ismos que sirven para confrontar y/o aplastar)

Genital. Se dice que esta comienza cuando en el cuerpo comienzan a desarrollarse y madurar los órganos sexuales.

Más allá de lo físico, podemos entender que quienes han llegado a esta etapa se descubren capaces de crear, de combinar lo aprendido en las anteriores etapas para vivir, y no sólo sobrevivir.


Podríamos pensar que por ritmo natural todos al llegar a la edad madura (que es un invento social aplicado según la cultura que lo blande) pero la realidad que nos rige es otra.
Somos animales que desde el útero buscamos la comodidad, comodidad al gestar, comodidad al nacer, comodidad al crecer. Y es esto lo que hace que una gran mayoría a pesar de avanzar en la contabilidad de años vividos, vaya buscando acomodarse en alguna de las etapas de maduración que antes hemos descrito, y que teman avanzarlas hasta llegar a la genital.

Cómo podemos ver las anteriores etapas están llenas de una necesidad de control, y más que autocontrol, el buscado es aquel que como fin tiene atraer hacia si un beneficio (por instantáneo que parezca) y a la vez permite culpar a otros de la propia incapacidad de crecer, formando así un círculo vicioso en el que entre, gritones, aprehensivos, y forzudos van buscando entre los suyos a quien avasallar, y mantenerse así hasta que toca estar abajo. En estos círculos se crean fantasías sin respaldo de realidad, pero se cree en ellas como un universo tangible.

En cambio la creación implica no sólo un bien propio, pues los avances personales tienen cada vez un beneficio para quienes nos rodean, y esto se va convirtiendo en un efecto mariposa del que difícilmente podremos ver su afección final; y sin embargo se mueve.

Para la creación hay muchos caminos, y muchos otros que están por ser construidos, y en el proceso de construcción de la mayoría de ellos lo único que será destruido es el vació que está esperando ser ocupado por un sueño realizado.

La necesidad de controlar a nuestros semejantes es simplemente un muestra de falta de valor y exceso de comodidad. La verdadera evolución personal cuesta, y está plagada de obstáculos que al paso se convierten en gustos y buenos recuerdos.


jueves, 9 de julio de 2015

Cuando niños, crecemos (la mayoría de las personas y las veces) de alguna manera protegidos, bien sabidos de un manto de seguridad que nos cubre, y la vida apacible parece fluir sin más sobresalto que el que nos dota de aprendizaje.
Luego, acontecimientos que pueden parecer a los adultos, nuevos y simples trámites, llegan para destruir un escenario ideal. Es entonces que comienza nuestro trabajo de arquitectura.
Las experiencias dolorosas nos enseñan en primer lugar lo frágil que es la ilusión, a veces la piel.
Poco a poco pretendemos endurecernos, fabricando un nuevo mundo que se adhiere a la piel como exoesqueleto que si acaso nos permitirá respirar, y hará que nuestra persona y sueños se adapten al espacio interior.
Para ser más que un caparazón, también tenemos la suficiente creatividad para inventarnos una máscara, que como principal tarea tendrá la defensa en cercanía, y la advertencia a la distancia. Y sí funcionará.

Pero la interacción de armados por paz o por descanso siempre tendrá una tregua, se bajarán garras, armas, y hasta se despojarán máscaras. Entonces se podrá tocar y dejar sentir la piel, se podrá reconocer a las personas, se vulnerará el breve pero inmenso espacio de confort.
Esta violación a fronteras y tantas reglas de seguridad traerá conflictos, reavivará miedos, fortalecerá mitos.
Algunos caerán y descubrirán que incluso el dolor bien vale la pena, otros definitivamente e encerrarán (pero jamás podrán olvidar lo que el tacto regala más allá), unos mantendrán semiabiertas las puertas, usarán a medias la máscara, pueden pasar buena parte de su vida comparando el mundo fuera y el interior; anhelando la libertad y siseando con enojo a quienes se quieran acercar.

Nadie sabrá que puede suceder en el siguiente movimiento, y habrá tantas posibilidades como personajes.
No faltará quien afloje un poco la armadura y hasta la adorne para poder avanzar, buscando el engaño e intentando la destrucción (lo que agravará muchos miedos) otros, se despojarán del armatoste mientras mantienen la máscara, así irán por el camino tratando de aprender sin descubrir que la máscara no sólo evita que se vea su rostro, sino que también evita que ellos vean la totalidad del entorno; muchos cerrarán con más energía su pequeña fortaleza y con horror descubrirán cuando el tiempo pase, que un olor a muerte les acompaña desde media vida. Y quienes se despojen de todo, se convertirán en los más vulnerables, serán tan ligeros que querrán volar, muchas veces caerán y se reencontrarán con el suelo y las heridas; pero tendrán la ligereza para volver a levantarse (estos son los menos, son los tontos, locos, estúpidos, SOÑADORES).
Entre todos harán que el mundo gire, o deje de girar. Unos serán motor, otros, simple ornato. De polvo de estrellas hechos, de polvo del suelo acabados.
Los sueños, como la energía; no se crean ni se destruyen, simplemente se transforman.

Somos herreros u orfebres de nuestro universo, somos base y cielo. De nadie depende.