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martes, 15 de septiembre de 2015

Ser Solidario hoy

Solidaridad consciente es un concepto que urge comprender, ya que por educación pública o por tradicionales prejuicios los seres humanos actúan de manera tan mecánica que en muchas ocasiones podemos encontrarnos haciendo lo contrario a lo que pensamos, y esto sin reparar en el daño real que podemos provocar a nuestros similares.

La solidaridad es quizás uno de los sentimientos-acciones (si no están unidos no sirven) más puros, más antiguos, más primitivos, del humano social; es lo que en definitiva ha logrado que nuestra raza se mantenga a la cabeza de la cadena alimenticia, y al mismo tiempo puede ser el otro filo de la navaja, que poco a poco está cercenando los tendones del mismo cuerpo social que hasta la fecha nos ha mantenido en movimiento.
La humanidad en un afán solidario ha realizado tareas tan disparatadas, que van de lo loable, a lo más reprobable. Haciendo que a las luces del recuerdo y la historia seamos a veces seres que pueden brillar y por sus capacidades ser recordados, o en otras (quizás más) ocasiones seamos merecedores del olvido, del reprobo total.

SOLIDARIDAD: Sentimiento que impele a los hombres a prestarse una ayuda mutua// Dependencia mutua entre los hombres que hace que no puedan ser felices unos si no lo son los demás. (Dittcionario Pequeño Larousse Ilustrado)

Y con esta idea ha evolucionado la humanidad, convencida de que todo lo que hace es en pro del bienestar común; aunque la historia (que ha sido por comodidad modificada) nos permite ver claramente la verdad. Recordemos que la historia es escrita por los vencedores, y no olvidemos que aunque a manera de chisme la verdad siempre terminará por filtrarse entre la aglomeración de letras.

A cada trabajo encaminado hacia el bien común, siempre le ha acompañado una intención que podríamos llamar “mercadológica”, que lo que vende es la idea de quién es ese al que deberíamos seguir. Y como antiguas muestras podemos ver la gregariedad del hombre de las cavernas que a través de la oferta de beneficios pierde parte de su capacidad motora, y deja de ser un cazador solitario y nómada para pasar a formar parte de los primeros grupos sociales a cambio de estar cerca de quien tiene fuego, elemento descubierto pero no controlado que en breve se convierte (por error quizás) de herramienta en arma de destrucción que termina en primera instancia con aquellos atraídos por la seguridad que ofrece.

Tristemente, hay cosas que no evolucionan. Ese aspecto del ser humano claramente es una de ellas. A la fecha sigue sin poder encontrar su equilibrio y mantiene las capacidades de:

1.- Sacrificar libertad por seguridad
O
2.- Sacrificar seguridad por libertad.

En fin que en esta tierra de rebaños y pastores, seguimos siendo manipulados para actuar de tal o cual manera, siempre sin derecho a la reflexión, so pena de ser señalados, descalificados. Y esto como vimos, nos deja libres de pensar, pero con la aterradora sensación de inseguridad que acompaña a la separación del grupo (jajaja, como si en verdad eso fuera posible).

Alguna vez los primeros descubrimientos, después las religiones, más adelante los liderazgos de poder que evolucionaron a convertirse en liderazgos políticos. Y hoy?
Hoy tenemos miles de religiones distintas, miles de corrientes ideológicas cargadas de miles de reglas a seguir si es que se quiere pertenecer, modas y nuevas tecnologías… Podríamos poner las dos escenas en cartones humorísticos, y quizás la diferencia obvia sería el color del aire, pero acaso hay otra?
La solidaridad continúa siendo parte de la maquinaria social, en el área de lo moral, y sigue estando encaminada a controlar por medio de los sentimientos, principalmente de las culpas.

En el mundo entero se viven situaciones polarizadas, que llevan a dar más razones de existencia al método de la solidaridad controladora, ya que es más cómodo obedecer y seguir las rutas trazadas, que salir de la vieja vereda y encontrar otros caminos, nuevos que compartidos seguramente ayudarán realmente a los demás, y esto último es lo que podríamos llamar solidaridad-consciente.
La solidaridad consciente, sería aquella en la que ayudemos no sólo para sentirnos bien; si no una en la que ayudemos realmente, que nos permita crecer mientras ofrecemos nuestro apoyo, y que nos dé la oportunidad de notar la diferencia que se pretende hacer.

Salir a las calles a repartir monedas, a veces comida es una acción que cuando no tiene un beneficio casi nulo, termina por ser un mal para quien lo recibe. Ya que muchas veces quien se auto impone la miseria, ve como única oportunidad de supervivencia actividades como la mendicidad y la criminalidad. Pues parte de la educación le ha dictado que así es como debe ser, mientras que otra parte dice que esto es por culpa de los demás; y las muestras solidarias o de desventaja respaldan esas ideas.
¿Quién se detiene a decir lo contrario, a demostrar que no debe ser así?

Si queremos ayudar, nosotros mismos debemos quitarnos el velo de los ojos, siendo capaces así de comprender los orígenes de esas situaciones, y siendo conscientes del trabajo que implica realmente ayudar. Y no sólo en lo local debe ser así, ya que lo mismo aplica a situaciones internacionales (que regularmente están fuera de nuestras manos y sólo sirven para engrandecer a unos cuantos listillos) que después de pasar por filtros mediáticos nos rompen el corazón, llenándonos de culpa y haciéndonos sentir obligados a apoyar de alguna manera, aún si esto implica pasar por encima de situaciones tan locales como las que puede haber incluso dentro de nuestros hogares.
Definitivamente es de humanos apoyarse, y eso es lo que nos hace gregarios; pero también es muy cierto que si no comenzamos por estar bien, evolucionando esta especie de cadena a partir del individuo, siempre tendremos acciones solidarias que serán vacías, inútiles, y totalmente hipócritas.

Bien dice el dicho “El buen juez por su casa empieza”

No debemos voltear, buscando en la lejanía a quien necesita nuestra ayuda; no sin antes observar a nuestros compañeros más cercanos para saber sus necesidades y contarles las nuestras. Después como una mancha de aceite sobre el agua podremos ir creciendo, y aunque jamás sabremos hasta dónde llegará ese primer esfuerzo, tendremos la certeza de que de inicio funcionó.




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